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Rellenos faciales

Introducción

El cirujano plástico del siglo XXI, enfrenta entre otros apremios de la medicina moderna, el agregar a una mayor supervivencia, una mejor calidad de vida. Esta es quizás la causa que mejor explica el que la cirugía estética y en particular la cirugía facial hayan presentado un desarrollo sin precedentes en los últimos años. La población recompensa la juventud y vitalidad, las generaciones estrechan lazos frente a la oferta de vivir más y mejor, los medios invaden con explosivas imágenes que reflejan “juventud y perfección” a la que todos pueden acceder.

Como en otros campos de la cirugía, la cirugía plástica es exigida hoy no sólo en procedimientos seguros para el paciente, sino a la vez, en resultados cada vez más precisos y asertivos en cuanto a la excelencia con que el cirujano plástico logre, con su experticia, cumplir las expectativas del paciente. Estas exigencias son mayores frente a los procedimientos de rejuvenecimiento facial, donde además se debe destacar la tendencia a procedimientos menos invasivos y que permitan una recuperación fácil y de pronta reinserción a las actividades cotidianas y laborales. El crecienteinterés por revertir las alteraciones del envejecimiento facial y corporal, acompañan a la mayor preocupación por el bienestar, la autoestima y el entender que ello compromete los sentimientos que tenemos frente a nuestra autoimagen y las señales que ella trasmite a nuestros semejantes.

Consideraciones generales

El envejecimiento facial es un proceso único y exclusivo a cada individuo y está ligado a su carga genética. Es acentuado por factores ambientales como la radiación solar (ultravioleta), la contaminación atmosférica y los hábitos o conductas individuales, entre las que destaca el tabaco y el stress. Clínicamente, es posible distinguir el envejecimiento cronológico (marcado por nuestro reloj biológico) y el producido por el foto daño (radiación actínica). En la piel expuesta de la cara, cuello, escote y dorso de manos se producen por la acción solar, alteraciones mayores como: desecación, pérdida de tonicidad, discromías, junto a la aparición de lesiones como léntigos y otras premalignas (queratítis actínicas). Hay una gradual disminución del colágeno y alteración de las fibras elásticas y se traduce en una atrófia cutánea, piel flácida y arrugada (craquelado cutáneo), a esta condición se la denomina “elastosis cutánea”.

En la piel, la evidencia más prematura de los efectos del envejecimiento la constituye la acentuación de los surcos y líneas propios de la mímica facial, sistematizados por George Singer en 1963 (15). Las huellas que dejan en el rostro, son propias de la herencia, del carácter y de las vivencias personales. La particularidad de estas marcas cutáneas son así, el reflejo de la “historia personal” de cada individuo y depende del accionar de los 52 músculos faciales de la mímica y la expresión, culpables de la acentuación de las líneas y surcos. Se incluyen en el proceso al esternocleidomastoideo y platisma.

Con el paso de los años se produce una gradual pérdida de soporte de los tejidos blandos de la cara. Estos se vuelven más hipotónicos y por la acción gravitacional, caen siguiendo vectores verticales y oblicuos según el área. Los tejidos caen, quedando “suspendidos” en los puntos donde están los ligamentos de retención (zigomáticos, masetéricos, bucomandibulares y platismo-auriculares), lo que da un suerte de “patrón” característico del envejecimiento (5). A ello se agrega una progresiva involución ósea con desplazamiento graso y flacidez muscular desdibujando los parámetros de juventud y belleza.

Evaluación y planificación

Los signos de envejecimiento facial que motivan la consulta al cirujano plástico, comienzan a manifestarse alrededor de los treinta años, con la acentuación de líneas y surcos a los que se agrega una pérdida gradual de la turgencia cutánea, cambios del tejido graso y de la tonicidad muscular. Son estos cambios graduales de la fisonomía los que evaluamos de acuerdo a un orden que nos permita luego sugerir y planificar los procedimientos de rejuvenecimiento facial necesarios para revertir las alteraciones consultadas. De este modo, observamos las condiciones: de la piel, el envejecimiento y los cambios producidos en cada tercio facial considerando simultáneamente los procedimientos de rejuvenecimiento facial adecuados a cada zona, tanto quirúrgicos como los mínimamente invasivos.

La entrega de una información y evaluación adecuadas permitirá a la paciente programar una cirugía atingente a sus necesidades y conseguir un resultado acorde con expectativas reales.